OPINIÓN

Zoom en tiempos del coronavirus (II)

Por: Rolando Andrés López P.

Otro gran descubrimiento de esta pandemia es la utilidad que tiene la plataforma Zoom para celebrar encuentros con familia y amigos. Es una maravilla. Después de haber hecho el curso previo en el ámbito laboral para manejar la dichosa herramienta, la mayoría de las personas se sienten listas para comenzar a hacer reuniones con familia y amigos en entornos virtuales.

Con las familias, sobre todo las numerosas, las reuniones comienzan por ser un derroche de amor, de saludos, pero terminan en un ambiente caótico, rayando a veces en el pánico. Todo comienza cuando por whatsapp, la red social más usada en estos momentos, uno de los primos jóvenes convida a los parientes hasta la quinta generación para un video encuentro por Zoom el próximo sábado a las 5 de la tarde. La expectativa es grande durante toda la semana. Se cruzan emojis, abrazos, besos, etcétera. Hasta que por fin llega el sábado.

La familia comienza a integrarse y una algarabía cacofónica sale de los parlantes del computador. Está la prima arribista que vive en Barcelona, la tía solterona que tiene una casita campestre en Subachoque, el nieto mochilero millenial que recorre el mundo y está conectado desde Punakha (Bhután). Hasta la abuelita rodeada de la familia de alguno de sus hijos, la cual la asesora para ayudarla en esa incierta aventura ciberespacial.

De pronto uno de los 26 familiares conectados en Zoom, una rebelde joven punketa que estudia en universidad pública, da un golpe a la mesa en la que apoya su tablet y grita para todo el mundo: -Listo, todos quietos porque hay foto-. La mayoría sorprendidos miran la pantalla de su computador, celular o tablet sin saber qué hacer. Un menor de edad les dice a todos que tranquilos, que solo miren a la lente de la cámara. Mientras todos los mayores de edad están ubicando dónde diablos queda la lente de la cámara del aparato con el que se están comunicando, se paran, voltean la pantalla… en fin, la chica punk grita muy alegre: -¡Genial! Ya quedó.

Todos quedan sorprendidos. El éxito de la foto se mide por la cantidad de personas que no hayan quedado descabezadas o mutiladas en la imagen. Si a más del 50 por ciento de los asistentes se les pueden reconocer sus rasgos faciales, la sesión de fotos fue un éxito.

La reunión continúa, pero se hace difícil puesto que hay por lo menos tres conversaciones distintas en línea, por lo que los temas se entrecruzan y dan lugar a una confusión digna de una sesión virtual de nuestro Congreso. La prima Donna le pregunta a su pariente, Claudia.

-Cayis, ¿ya pudiste salir con Fercho? Es todo un hembro. Te lo recomiendo.

-Pues fíjate que el tipo se hace el desentendido y no me ha hecho ninguna…

De pronto interrumpe uno de los tíos.

-Sí, que se callen que intentamos escuchar a mi hijo que está emitiendo desde los Himalayas, ¿cierto, Luisito?

-Ah, ya papá. Y dígame Luis, que ya tengo 29 años. Deje la pendejada, ¿sí?

Después de un rato largo un alarido de dolor rasga el firmamento virtual porque la abuelita quedó congelada y lleva casi diez minutos en la misma posición con la boca abierta y los ojos cerrados.

-Aaaayyy, se murió la abuelitaaaaa. Márquenle ya a mi tío. La dejaron sola en el computador y se nos fregó la viejita. Pero como la abandonan cuando está en internet…

Otra vez la salvación llega por el whatsapp. Uno de los nietos que acompañan a la abuela informa que a la ancianita le dieron ganas de ir al baño y cuando se iba a incorporar haló el cable del internet y hasta ahí llegó la comunicación, pero que ya en un ratico entra.

Después de dos horas la reunión comienza a tener fin, mientras las despedidas no se hacen esperar. Cuando ya quedan muy pocos, uno de los tíos impertinentes le pregunta a su hermana.

-Oye, Fabiolita. Muy rica la reunión y todo. Pero, ¿podrías decirme quién era la tal Ana Sofía? No me acuerdo que ninguna de mis sobrinas se llame así.

-Ay, Alberto. ¿No lo reconociste? Es mi hijo Max, tu sobrino, el que estudia Artes Plásticas. Lo que pasa es que estaba chateando desde el usuario de su novia, Ana.

-Huuuyy, ¿y esa melena? No se le veían los ojos.

-Pues la pandemia. Con las peluquerías cerradas qué esperabas.

Terminada la reunión toda la familia quedó muy feliz del encuentro y dispuesta a realizar otra reunión muy pronto. Por lo menos hasta la próxima pandemia.

Somos un grupo de comunicadores sociales y periodistas dedicados a la difusión de información concerniente al Departamento de Cundinamarca y su relación con el mundo. Con estudios posgraduales en política y educación, este equipo garantiza la calidad de la información y el tratamiento de nuestras fuentes. Somos El Nido del Cóndor, un periodismo para el desarrollo del Departamento de Cundinamarca. nidodelcondor.co

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